Una autorización maltesa trae sus propias reglas de identificación, no las españolas. Esa diferencia es justo lo que interesa aquí: qué cambia para quien juega cuando la verificación no es la del RGIAJ.

El terreno cubre plataformas sin DNI, sin cuenta bancaria previa, accesibles por VPN, sin límite fijado por el operador y —la pieza que de verdad importa— sin conexión al registro español de autoexclusión.

El matiz: la DGOJ conecta con el RGIAJ; una licencia extranjera, maltesa incluida, no está obligada a consultarlo. Quien se autoexcluyó en España sigue sin esa protección en un operador que solo responde ante otra autoridad.